La Ventana de mi Inconciencia


Caminando al pie de la montaña, la misma que fue testigo de mi gran pasión, hallé la razón por la que mi destino me guió hasta aquí; y con cierta sorpresa reconozco que, aunque muchas veces lo he negado, soy aun más débil de lo que pensé.


Entre todas mis divagaciones, los momentos de sosiego que quiero retener son muy pocos, más bien limitados; siempre camino por distintas sendas ansiando encontrar el tan mencionado “lugar ideal”.


La búsqueda siempre es extenuante, la mayoría de las veces pierdo el aliento (el mismo que se esfuma con la poca cordura que he podido recuperar) y vuelvo a caer. Constantemente mi conciencia me repite que voy a sufrir, pero mi instinto, que tal vez se ha tornado masoquista, no me permite retroceder. Así que me escabullo a paso lento, entro por la ventana de mi inconciencia y desaparezco. No me reencuentro sino hasta cuando están por terminarse mis lágrimas.


Así era hasta hace poco. Mas ahora, cuando a lo lejos diviso aquella ventana por donde he escapado innumerables ocasiones, aun abierta y lista, ofreciéndome un mundo de sueños, no puedo recoger mis pasos para volver hacia ella.


Es verdad que con todo lo que he llorado, con todo lo que he sufrido, debería atravesar la ventana y regresar, pero extrañamente no quiero... Son tantas las cosas buenas vividas, que aunque ahora me sienta herida, no quiero echar al abandono ninguno de esos recuerdos. Precisamente por eso decidí cerrar por fuera a esa ventana que me lleva a la inconciencia, porque en esta ocasión me condujo realmente al lugar que continuamente he buscado, mi “lugar ideal”... TÚ, que aunque ya no estás conmigo, me has hecho tanto bien, que no te quiero olvidar otra vez.

No hay comentarios.: